viernes, 2 de noviembre de 2012

VIAJE EN AUTOBÚS




Viaje en  autobús

La tarde se presentó muy cansada. Todo lo que se suponía asignado, cambió de repente. La compañera quiso modificar por un día lo llevado anteriormente y eso transformo el buen ambiente. El trabajo se hizo algo más pesado de lo normal  y al terminar la jornada, no quedaba casi ya sonrisa en el rostro.

Al salir, se hacen presentes las ganas por llegar a casa. El estomago con hambre y unos pies cansados marcan los pasos. El aire es muy frío. Cierro la chaqueta y meto las manos en los bolsillos sin parar de caminar. Cuando llego hasta la parada del autobús y miro en el cuadro los horarios, veo que perdí el de todos los días. Con resignación enciendo un cigarro y lo fumo lentamente, saboreando cada una de las caladas.

La gente se va sumando a la fila en la que espero. Miro sin fijarme directamente en todas las personas que están como yo, esperando en sus paradas la llegada del vehículo que los transporte a sus destinos. Mi cigarro llega a su fin, apurando la última calada lo apago en la papelera que hay junto a la parada. No falta mucho para que llegue el autobús. Me distraigo sacando los auriculares del mp4 y desconectando del sonido de la calle.

El autobús llega ya. El conductor es un hombre mayor. En su cara también se notan las ganas que te tiene por cerrar el turno. Al sentarme, lo hago en uno de los asientos laterales individuales, cerca de una de las puertas traseras. Me encuentro mejor allí, tranquila en mi pequeño espacio mirando por los cristales. Una vez toda la gente de la parada se ha subido y sentado, el conductor cierra la puerta delantera e inicia la marcha. El viaje se hace lento, parando en cada parada del trayecto. En una de las paradas se monta un muchacho moreno, por la ropa parece retro. No se por qué razón, me quedo observando algo extraño en sus gestos. El chico está leyendo una hoja de papel que hay tirada en el suelo del autobús. Él, con bastantes asientos libres, decide no sentarse y se da cuenta de que lo he mirado. Yo aparto rápidamente la vista y vuelvo a mirar las calles por los cristales. Se acerca hasta la puerta del autobús, cómo si fuera a bajar en la próxima parada y cambia su mano derecha, que estaba agarrada a la barra de la puerta y la coloca en mi asiento. A mi me parece extraño, no ha solicitado parada para bajar y el autobús no ha dado ningún frenazo brusco. No se por qué se agarra ahí.  Los dedos del chico, parecen juguetear por mi chaqueta por lo que me aparto un poco hacía la ventanilla. Su mano parece arrastrarse por el asiento hasta volver a tocar mi espalda. Yo me siento muy incomoda, y le miro, pero él se pone a mirar a otro lado. Su cara está sin afeitar y es delgada. Lleva un pañuelo en el cuello que le cuelga por los extremos. Siento su aliento. Me pregunto como puedo sentir eso, si yo estoy sentada y él de pie. Ahora no quiero mirarlo. Me están entrando nauseas de respirar ese olor. Me siento acorralada en el asiento. No me puedo creer que alguien  se acerque de esa forma en el autobús. El hombre que hay sentado en el asiento detrás del mío, se levanta y le lleva hasta la puerta. Es cómo si le empujará. Él me mira mientras yo aprovecho para mirar hacía el otro lado y poder mirar casi de reojo para ver si se baja también. El autobús se para y baja el señor, pero él sigue de pie. Yo quiero salir corriendo.


Vuelve hasta pasar por el lado de mi asiento y se sienta en el que quedó vacío. Ahora su mano se pone en el otro lado del asiento y yo me echo hacía delante del mío, para evitar su contacto. No me puedo creer que esto me esté pasando. Me pasó unas cuantas paradas así, hasta que cuando decido levantarme para cambiar de asiento, compruebo que el asiento está vacío. Ahora ya me puedo relajar hasta llegar hasta mi parada, en la que bajo tranquilamente hasta llegar a casa.




 NEPHERBLUE

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