viernes, 2 de noviembre de 2012

POLVO DE ESTRELLAS


POLVO DE ESTRELLAS
 
Era noche clara en el monte. Las estrellas brillaban con todo su esplendor en el cielo, desplegando todo un mapa de puntos luminosos. Subió hasta la parte más alta y alejada del pueblo para admirar la belleza de aquellas estrellas. Las sentía como suyas propias, es más, se sentía como ellas.

Al llegar arriba busco un lugar donde poder tumbarse cómodamente. Desplegó su manta en el suelo y se tumbo boca arriba para poder admirarlas tranquilamente. Aquella visión era digna de una diosa. Se olvido de todo lo que debajo de aquel monte existía, las gentes, las casas, el dinero no tenía valor aquí.


El tiempo paso y con su paso, las estrellas arriba parecían estar celebrándolo. Un espectáculo de luces centelleantes, unas brillan más que otras y algunas se dejan caer frente a sus ojos, como si quisieran que recogiera un poco de ese polvo brillante que se desprende. Ella alargaba la mano y parecía llegar a tocarlas. Cada vez que veía caer una, cerraba los ojos sintiéndose cubierta por ella, después los abría rápidamente para no perderse el movimiento de las demás. Así una y otra vez, iba pasando el tiempo y el movimiento del firmamento hasta la salida del sol. Llegado ese momento recogía su manta y regresaba al pueblo, para ser recibida por los aldeanos y los niños que disfrutaban lanzando piedras como si fuera una diana.

Ella no se defendía, ni se ofendía cuando la insultaban diciendo que era una bruja. Como tampoco les devolvía los insultos ni se daba la vuelta para mirarlos.

Algunas noches pasaron y con ellas llegó el invierno. El frío dificultaba poder disfrutar toda la noche contemplando el cielo. Ella aguantaba hasta que sus pies casi se le dormían, entonces recogía su manta y regresaba al pueblo sin salir el sol, sin insultos ni pedradas. Sin nadie a sus espaldas que se riera de ella. Había estado trabajando en su casa diseñando un aparato con el que poder mirar más de cerca las estrellas. Aquello era maravilloso. El objeto era muy pesado para subirlo todas las noches, pero en las que conseguía cargar con el podía deleitarse viendo todo más de cerca.

Todos los cambios que notaba, los escribía en un cuaderno. Había aprendido hasta dibujar aquellos astros. Había aprendido a amarlos. Una noche se fabrico un tippy para poder cubrirse del frío y admirar las estrellas con su aparato. De vez en cuando, dejaba de mirar para poder anotar en su cuaderno. Tan ocupada estaba mirando, que no escucho a algunos habitantes del pueblo. Se acercaron sigilosos con maderos y una antorcha en las manos. Habían decidido terminar con su amor por las estrellas. Tanto les asustaban sus conocimientos que decidieron prender fuego al tippy con ella dentro. Ella quiso salvar sus conocimientos tirando fuera de la tienda el cuaderno y cuando iba a tirar su objeto más preciado, su maquina de ver estrellas, una piedra cayo dando directamente en su cabeza.

Su cuerpo se desplomo en el suelo, sin vida. El fuego prendió sus ropas. El tippy entero se desplomo encima. Unas llamas enormes se formaron haciendo que los aldeanos se echaran para atrás.

Del cielo apareció una luz enorme iluminando la superpie de esas llamas. Un polvo mágico pareció brillar por encima. A la mañana, cuando miraron entre las cenizas no encontraron sus restos, ni nada del conocimiento que las estrellas le dieron. Todo ello volvió al cielo ya que ninguno era digno de ese conocimiento.

NEPHERBLUE

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